• Exposición

    Habitare

    Vértigo

    El lienzo yace en el suelo del estudio. Blanco, vacío.
    Espera inquietante.
    Las témperas fluyen. Los campos de color se extienden.
    El fondo se disuelve.

    Cada nueva aplicación de pintura sobre la tela genera mayor profundidad: las veladuras se superponen y se multiplican las transparencias. Se genera una atmósfera envolvente. Primera paradoja: al adquirir densidad y enrarecerse, la pintura se hace más leve. Una evidencia de raíz marina nos asalta: las capas pictóricas interactúan como las corrientes fluyen profundas y entrelazan sus estados y misterios. O quizás sea aérea: como en un rompimiento de cielo, luces y formas emergen desde lo hondo. Palimpsestos, fragmentos de memoria, resisten inmersos en el olvido.

    Formas esquivas, emergentes. Afloraciones de textura rotunda. La dilogía nos asalta con una nueva paradoja: el relieve, en ausencia de luz, se revela sima antes que cima. Sin embargo, el abismo en grietas sin fondo nos inquieta con su apariencia inasible y reminiscencias parietales. Fondos disueltos, perfiles nítidos y corpóreos, portavoces de una voluntad constructiva. No en vano la reflexión sobre el territorio urbano, el ámbito de la ciudad, ha sido una preocupación recurrente en Pilar Rodiles.

    La dualidad mancha / trazo, la tensión entre forma transgredida, entre superficie infinita y planos acotados, se constituyen ejes del sistema vertebrador de planisferios que nada más ser construidos, la artista remueve con una primitiva laya sobre la que pesa su cuerpo.

    Acción

    Pilar Rodiles no precisa caballete: como hicieran los expresionistas abstractos, trabaja sobre la obra: su mirada cenital escruta la tela. Las ideas y las formas fluyen por sus venas hacia las extremidades. El cuadro ya no es ventana, sino receptor del latido creador, del pulso vital, en permanente apertura. Perdida la función narrativa, el espacio se abre a la profundidad del ser y la artista nos muestra recovecos del alma en los que encontramos reflejadas nuestras inquietudes.

    De este modo, mundos personales, intimidad y  sentimiento colectivo se entrelazan.  La obra perpetúa su territorialidad, como marco espacial y comunicativo. Como lugar de encuentro y comunicación, confirma una función esencial de la pintura.

    Finaliza la sesión de trabajo. El lienzo se recoge. Enrollado se almacena en el anaquel, a la espera de nuevos asedios.

    Pilar Rodiles participa de la action painting, sí, pero el expresionismo abstracto se diluye en la distancia, al tiempo que el surrealismo agota sus últimas resonancias intentando persistir en la memoria. El automatismo psíquico, imprescindible, pende de un débil hilo.

    Trabaja con la pintura, en, desde y dentro de la pintura…  desenmascara el yo y arroja evidencias sobre el verdadero funcionamiento del pensamiento creador, sin distinción entre lenguajes abstractos y figurativos. Relativizados como medios, resulta huero pretender escindirlos, empeñarnos en declarar su incompatibilidad y mutua exclusión.

    Para alcanzar mayor perdurabilidad y apertura -dos facultades del arte que asociamos a la acción interrumpida-, renuncia a la pintura antes de que sea excesiva su aplicación e imposible la marcha atrás.

    La renuncia de la artista suspende la obra en la encrucijada. La conclusión ya no es competencia exclusiva del autor. El desenlace no se hace esperar, nos sacude. Una nueva mirada al cielo, al suelo…  suspendida en la disyuntiva. La obra, abierta a este modo de ver y de sentir, nos aventura un nuevo orden en el que las relaciones tradicionales saltan por los aires para facilitar la delineación de nuevas posibilidades de relación. El camino a seguir podrá decidirlo el espectador; sin embargo, con incertidumbre e inquietud, el momento cumbre llega: la obra se fija al bastidor y se da por concluida la elaboración del cuadro.

    Inmersa en un tiempo en el que se diluyen las metáforas y las asociaciones, la vigencia del accionismo concede fuerza al gesto pictórico y a la sutileza de la mancha y la luz. Ello se evidencia en el acto de pintar: la acción constituye un ejercicio insustituible para Pilar Rodiles. Se trata de una experiencia existencial, intuitiva, libre…  alejada de todo convencionalismo, indisoluble de sus inquietudes vitales,  que inciden en la génesis de formas inéditas que siente la necesidad de compartir con nosotros. En cierto modo, cuando la artista muestra su quehacer, construimos con ella una cartografía emocional múltiple a partir de las sugestiones generadas por los latidos de una obra en la que se reconoce un orden vital definitivo asentado sobre la vibración cromática, un temblor del color en el que igualmente nos reconocemos.

    La fusión de dos sensibilidades muy diferentes, Mediterránea la primera, Atlántica la segunda, favorecerá la confluencia entre un sentido de la luz y de la geometría de raíz andalusí y una profundidad oceánica.  Es comprensible que esto ocurra, ya que la artista ha transitado ambos mares, especialmente desde 1969, momento en que fija su residencia en Canarias y, desde entonces, una visión nueva del mundo se impone, más dual y polícroma, que realimenta consonancias y sostiene su proceso plástico dentro de los márgenes de la coherencia y la autenticidad.

    Estos referentes culturales también subyacen en su obra gráfica a través de la presencia de estructuras geométricas que expanden sus matrices regulares para convertirse en tramas reticulares que, en su irregularidad rítmica, sugieren una acción temporal.

    Imagen múltiple

    Pero esta dimensión temporal de la obra de Pilar Rodiles no deviene exclusivamente de aspectos relacionados con su lenguaje plástico, surge de los principios del arte y de una dimensión oculta de su trabajo, especialmente perceptible en el ámbito de la estampación.

    El proceso técnico constituye una piedra armilar de su trabajo. El grabado posee una versatilidad extraordinaria, pues, en la génesis de la imagen, alcanza el punto de máxima disyunción. Frente a la opción exclusiva de la pintura, abre infinitas posibilidades a través de la estampación. Cada matriz puede generar infinitas imágenes, e incluso cada estampa puede ser utilizada como soporte para emprender una nueva propuesta plástica, puede ser plegada y desplegar, cortada en fragmentos, reintegrarse y ensamblarse para generar objetos tridimensionales. El cromatismo se acentúa sobre el fondo negro, reforzando los azules profundos y los rojos intensos, añadiendo intensidad a la imagen.

    Estampa y ensaya variaciones de color, recorta matrices y recompone la imagen en busca de la matriz definitiva, o quizás tan sólo quiera reiterar el ensayo, consciente de que la gran obra es el propio trabajo, cada instante robado a lo cotidiano, a la docencia y a la existencia diaria, para el fluir creativo.

    El poder de la mancha se acentúa cuando el rodillo la torna precisa, o cuando la tela empapa el papel y su huella adquiere una regularidad casi geométrica. De este modo, el aguafuerte y la pintura se entrelazan y grafismos, trazas y manchas logran conjugarse; las máscaras se yuxtaponen armónicamente y deambulan sobre diferentes matrices, en un ejercicio combinatorio abierto que amplifica la capacidad de sugerencia de la técnica, entendida más como un medio expresivo que como un procedimiento de reproducción.

    En momentos de encrucijadas, de transformación como consecuencia de la revolución en la información e irrupción del orbe digital, las piezas en grabado y pintura de Pilar Rodiles conforman un espacio intermedia donde además es posible el reencuentro entre lo literario y lo artístico, la crítica social y la reivindicación.

    Texto: Federico Castro Morales. Universidad Carlos III de Madrid


    Pilar Rodiles

    Nace en Tetuán, Marruecos. Cursa estudios de dibujo en la escuela de Bellas Artes de Tetuán, Artes y Oficios en Sevilla. Vive desde 1969 en Las Palmas de Gran Canaria. Rodiles hace del Norte de África, Andalucía y las Islas Canarias su espacio vital para crear. Desde su inicio como artista, a mediados de los ochenta, se siente atraída por la técnica del collage que desarrollará a través de una influencia surrealista. Poco después explora espacios físicos del lienzo mostrando la potencialidad estética de lo matérico dentro de las tendencias del informalismo. Crea texturas enigmáticas después de un proceso de depuración del soporte, eliminando de su pintura cualquier contenido figurativo, salvo formas geométricas como cruces o triángulos.

    A lo largo de su trayectoria, Pilar Rodiles ha realizado numerosas exposiciones en diversos espacios como el Palacio de la Merced de Córdoba, Centro Insular de Cultura y sala San Antonio Abad en Las Palmas de Gran Canaria, Galeria Magda Lázaro en Santa Cruz de Tenerife, la Sala del Callejón de los Bolos de Jeréz, la Galería Marta Moore de Sevilla, en el Colegio de Arquitectos de Gran Canaria, Caja Canarias en Las Palmas, Pescadería Vieja en Jeréz, Cárcel Real en Tarifa, Cádiz.

    Ha participado en colectivas en: la Galería Ray-Gum en Valencia, Galería Manuela Vilches en Marbella, Málaga; Convento de Santa Inés en Sevilla 92, Estampa 2000 Feria Internacional de Artes Gráficas en Madrid, Kanarisk Grafik Galería Lilla en Helsinborg, Suecia; En la feria de Arte Múltiple Estampa en los años 2000, 2007 y 2008. Centro Atlántico de Arte Moderno y Centro de Arte La Regenta, en Las Palmas de Gran Canaria.

    Participa con una exposición en el seminario Diáspora Africana en la Universidad de Salamanca, y con Construcciones de Eva en la galería de Arte de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Su último trabajo titulado Azoteas, tuvo lugar en el Centro de Artes Plásticas del Cabildo de Gran Canaria.

    Entre sus reconocimientos, destaca el primer premio del concurso internacional de obra gráfica, que otorga el Cabildo de Gran Canaria, el 2º Premio del certamen de artes plásticas del puerto de La Luz y de Las Palmas de Gran Canaria, Mención de honor al premio Nacional de Grabado Español Contemporáneo (Marbella) Málaga, y seleccionada en el premio internacional de pintura Ybarra 92. Pabellón de Sevilla.

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